Después de haberse dado cuenta, que el uno para el otro no solamente era para estar juntos sino también, que la unión sea algo más trascendente como una especie de hilo rojo que nunca se podría romper, Edgar y Carla sobrellevaron su relación de manera tal que a se vea como una montaña rusa con muchísimos altos y bajos, enmendado errores y calando piezas que normalmente no estaban ahí, creando un rompecabezas de sus vidas juntos tan complejo como también enredado, que solo ellos conocían, solo ellos conocen el verdadero significado de uno hacia el otro,  Edgar percibe todo lo que Carla siente sin que ella se lo mencione, es esa conexión que nadie entiende pero que simplemente se da.

Luego de que han pasado mucho más de un año juntos incluso dos, Carla decide dejar a un lado todo por muchos motivos que para ella son imperdonables, motivos que la llevaron a ser dar incluso con ella misma, creando anticuerpos hacia el resto de personas que por más que se le acercaban, ella no permitía más que solo un saludo. La sonrisa artística que Carla mantuvo siempre se fue, dejando un cuerpo sólido pero con carisma y risa sin fondo, decepcionada de Edgar hasta el punto en el que no soportaba tenerlo cerca, ignorando los buenos momentos, risas sin sentido, dormir juntos en un sofá con una frazada delgada que solo el calor corporal podría compensar el frío de la noche, olvidando los desayunos que el llevaba a la mesa esperando solo que ella sonría y degustara por la calidad de tal manjar, reprochando por qué no asistió a muchas salidas juntos cuando iban a todos los lugares habidos y por haber tomados de la mano o simplemente ella subida a la espalda de Edgar. El por su parte, después de darse a entender la noticia, jugaba a que no le dolía, distraído en labores o distracciones que pudieran llenar esa frustración y desamor, cambiando hábitos para no recordar lo que sentía por ella, que tanto le dio y tanto pudo dar, maldiciendo por cuantas veces el ha fallado y culpando su carácter por semejante atropello hacia la grandeza de Carla, preguntándose: ¿Cómo una mente tan estudiada como la mía puede ser vencida por alguien tan noble, dócil y única puede hacer que yo me pueda sentir así? Tan impotente por no lograr su felicidad y tan dolido porque ella está mal.

Resultado de imagen para mujer carta leyendo

Es simple Edgar, hombre sólido de palabra, respetado mundialmente por muchos, temido por unos cuantos, pero odiado por muchísimos más, había caído en el enamoramiento. No cuesta nada saberlo y entenderlo, ya que el amor es así, te duele, te frustra, te alegra el día, te hace mostrar la mejor versión de ti, te hace olvidar que estas solo  y que ahora piensas por dos, que ya no te complaces a ti mismo sino que buscas la felicidad de tu pareja porque es te hace sentir bien a ti y viceversa, tu pareja busca mejorar contigo y para ti, noches de desvelo con mucho sentido, dinero invertido mas no desperdiciado, pero más que eso es el sentir que esa persona está ahí cuando tú lo necesites en las buenas y las malas. Eso y más sintieron los dos durante mucho tiempo, hasta que le llega una carta escrita a mano, Carla la abre y leyendo en su mente durante unos minutos, cae de su mejilla una lágrima, al darse cuenta que era la última carta que Edgar le escribe, dejándole claro que ya no estaría con vida a partir de ahora, y que  agradece por haberle dado todo, con última frase dedicada a ella diciendo:

“si el mundo fuese el infierno de otro mundo, volvería a renacer porque estás tú y volvería a buscarte en ese mismo lugar, en ese mismo horario y te diría cuanto te amo”

Atte.: Edgar